En un solo día, la vida política de José Enrique Jerí Oré dio un giro inesperado. Tras dos años, tres meses y tres días en el poder, el Congreso de la República decidió vacar a Dina Boluarte por incapacidad moral permanente, aplicándole el mismo criterio con el que fue destituido Pedro Castillo. Con 122 votos a favor, el pleno consideró determinante el ataque a una conocida orquesta de cumbia y la incapacidad del Ejecutivo para frenar el desborde de la criminalidad en el país.
La madrugada del 10 de octubre, a la una en punto, Jerí Oré juró como presidente interino de la República por mandato constitucional. El nuevo jefe de Estado, que no logró una curul propia en las últimas elecciones y accedió al Congreso como accesitario del expresidente Martín Vizcarra, se convirtió así, a los 38 años, en el máximo representante de la Nación y en el séptimo mandatario peruano en los últimos diez años.
Desde sus primeros días, el nuevo gobierno marcó un estilo confrontacional frente a la inseguridad ciudadana. Jerí sostuvo reuniones con altos mandos de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y el presidente del INPE, Iván Paredes Yataco, coordinando visitas a penales y comisarías de Lima. Con camisas remangadas y un discurso de “guerra” contra las bandas criminales, su imagen fue comparada con la del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
PROTESTAS Y MUERTE
Sin embargo, el inicio de su gestión no estuvo exento de conflictos. A los pocos días, estallaron protestas contra el Congreso y contra su asunción, protagonizadas por la denominada “Generación Z”. La represión policial dejó denuncias por abuso de autoridad y la muerte del artista urbano Eduardo Ruiz, conocido como “Trvco”. Pese a ello, Jerí superó intentos de vacancia, decretó el estado de emergencia, impulsó medidas contra la extorsión y alcanzó cerca del 50 % de aprobación.