En una multitudinaria misa en las afueras de la ciudad de San Cristobal de las Casas, epicentro de los reclamos de los pueblos originarios, que en 1994 detonaron la rebelión zapatista, El Santo Padre lamentó que "muchas veces los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad, y denunció que hubo quienes mareados por el poder los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban".
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