El asesinato de la empresaria María Rosa Castillo nos ha estremecido esta semana. Planificado, perpetrado por su hijo adoptivo, el mismo al que cobijó y cuidó durante 22 años, desde su nacimiento. Marco Arenas Castillo, el hijo que no mostró nerviosismo alguno durante los tres días de su desaparición, que tampoco se quebró cuando finalmente el cuerpo de María Rosa fue hallado calcinado. Sólo ante la evidencia terminó confesando con un lujo de detalles inimaginable.
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