Detrás de un francotirador existen horas de exigente preparación física y mental. Los militares desarrollan capacidades de observación, defensa personal y manejo de armas para responder ante situaciones extremas.
Parte de su formación incluye ejercicios de tiro a larga distancia, en los que deben identificar objetivos y demostrar un alto nivel de concentración. Las prácticas buscan preparar a los alumnos para operaciones donde cada disparo debe ser ejecutado con precisión.
Camuflaje y preparación especializada
Los futuros francotiradores también aprenden técnicas de camuflaje para evitar ser detectados durante sus operaciones. Para ello, confeccionan sus propios trajes utilizando tela de yute y elementos naturales encontrados en el entorno.
La escuela, que cuenta con más de dos décadas de experiencia, recibe numerosos postulantes cada año. Sin embargo, solo un reducido grupo logra completar la exigente formación y graduarse como personal especializado del Ejército.