Cuando la mayoría aún duerme, la actividad ya está en marcha en el Terminal Pesquero de Villa María del Triunfo. Desde las primeras horas de la madrugada, decenas de trabajadores llegan para recibir, descargar y distribuir toneladas de pescado que serán comercializadas en distintos mercados de Lima. La jornada comienza incluso antes de las 2 de la mañana y se extiende hasta el mediodía.
Transportistas, comerciantes, fileteadores y estibadores forman parte de esta cadena de trabajo que permite llevar pescado fresco a las mesas peruanas. Los productos llegan desde diversas zonas del país como Arequipa, Pisco, Pucusana y el norte, especialmente Chiclayo. La rapidez en el proceso es clave para garantizar la frescura, mientras que los precios dependen directamente de la cantidad de pesca disponible cada día.
Entre las especies más demandadas destacan el bonito, el jurel y la chauchilla, cuyos precios pueden variar según la temporada. Por ejemplo, el bonito puede costar alrededor de 4.50 soles al por mayor, pero durante fechas como Semana Santa su valor puede incrementarse significativamente debido al aumento en la demanda. Aun así, los comerciantes aseguran que siempre buscan ofrecer alternativas accesibles para el público.
EXPERIENCIA Y SACRIFICIO
Detrás de cada kilo de pescado hay años de experiencia y sacrificio. Muchos trabajadores llevan más de una década en este rubro, levantándose de madrugada y soportando largas jornadas para sostener a sus familias. En vísperas de la Semana Santa, el movimiento se intensifica, pero también se refuerza el compromiso de mantener viva una tradición profundamente arraigada en la gastronomía peruana.