Tecnología

El Zeein y Glogloking en Lima para el Mundial: la experiencia que los peruanos sin boleto estaban esperando

Hay pocas cosas en este país capaces de encender una conversación en la mesa familiar, paralizar un centro comercial o vaciar las calles un domingo por la tarde. El fútbol, ese fenómeno que desafía creencias y clases sociales, tiene esa increíble capacidad. Y cuando la cita es mundialista, el termómetro sube hasta la ebullición, incluso cuando la ilusión de ver a la blanquirroja en la cita máxima vuelve a quedar en el tintero.

Porque el peruano no deja de ser futbolero por más que su selección no esté: se aferra al gol, se apasiona con el fuera de juego y celebra el regate como si fuera propio. Esa devoción no entiende de boletos agotados ni de clasificatorias fallidas, y menos cuando al lado tiene a un causa con quien compartir la angustia o el éxtasis de cada jugada, porque el fútbol, al final, siempre sabe mejor en compañía.

El Mundial, en ese sentido, trasciende lo deportivo. Es el gran pretexto que convoca, que hermana al vecino con el desconocido, que convierte cualquier pantalla en una aliada y cualquier barrio en una sede improvisada. Porque ver el partido en grupo siempre es más chévere, y el ambiente se vuelve tan intenso como el de una grada, aunque no haya estadio de por medio.

Este año, sin embargo, la experiencia promete un giro inesperado. La plataforma Stake ha diseñado una propuesta para no dejar en fuera de juego a quienes se quedaron sin entrada al estadio. Y para eso buscó a dos figuras que saben leer el pulso de esta generación: los streamers El Zeein y Glogloking, embajadores de esa nueva forma de sentir el fútbol desde el celular, la risa y el análisis descontracturado. No vienen a reemplazar el rugido de la grada, sino a trasladarlo a otro escenario, igual de vibrante y mucho más cercano.

La idea, dicho de forma simple, es una fiesta para ver la final. Una pantalla gigante, mucha gente alrededor, y dos de los streamers más populares del país comentando el partido en vivo. Se llama Watch N Play Party y la experiencia es más bien una apuesta por lo comunitario, por crear el contexto ideal para realizar, si así se desea, apuestas de fútbol en Stake Perú, una plataforma especializada en estos eventos de fervor colectivo.

Cómo dos tipos comunes se convirtieron en la nueva cara del fútbol digital

Para entender por qué esta dupla funciona, hay que remontarse a sus inicios. Porque no siempre fueron famosos; hubo un tiempo en que El Zeein y Glogloking eran dos personas anónimas, frente a una cámara, sin certeza de que alguien los estuviera viendo. Uno, desde Lima. El otro, desde Arequipa. Y, sin embargo, algo en su forma de hacer las cosas resonó, alguna tecla pulsaron que conectaron con miles y miles de seguidores.

Andy Merino no llegó a la fama por casualidad. Antes de ser El Zeein, el personaje que hoy mueve multitudes en redes, fue el chico que subía parodias a YouTube desde un cuarto sin mayor pretensión que hacer reír. Allí nacieron sus primeros sketches, sus monólogos afilados contra la telebasura de aquellos años, cuando el entretenimiento local parecía una fábrica de memes involuntarios. Pero el humor, en su caso, fue solo el boletín de entrada.

Con el tiempo, ese ingenio crudo se fue puliendo. El Zeein mutó de plataforma sin perder su esencia: saltó de YouTube a Facebook Gaming, luego a Twitch y, más recientemente, a Kick. En cada mudanza, supo llevar consigo lo que realmente importa: una audiencia que no solo ve, sino que escucha. Hoy supera los dos millones de suscriptores en YouTube y roza los 900 mil en la plataforma que lo consolidó. Números, sí, pero también reflejo de una trayectoria que no se construyó con golpes de suerte, sino con trabajo de hormiga, con ese diálogo constante que establece con quienes lo siguen y que, en tiempos de algoritmos fríos, sigue siendo su mejor carta de presentación.

Pero más allá de los números, El Zeein tiene un perfil particular. Además de streamer, es presidente del Persas FC, un equipo de la Kings League, esa liga de fútbol 7 que inventó Piqué y que ahora es un fenómeno global. Eso le da una credibilidad adicional en el ámbito futbolístico. No es solo alguien que comenta partidos; es alguien que entiende el deporte desde adentro, que conoce las dinámicas de una cancha y que respira fútbol.

Al otro lado está Marx Loayza, Glogloking. Con apenas 25 años, el arequipeño acumula casi dos millones de seguidores en TikTok, Kick e Instagram. Su estilo es distinto, menos histriónico, más conversacional. Como si estuviera tomando un café con la audiencia, no frente a una cámara con miles de personas mirando. Su capacidad para involucrar a los espectadores, para hacerlos parte de la conversación, es su principal activo. Y eso, en el mundo del streaming, no es fácil de lograr.

La trayectoria de Glogloking también tiene algo de épico. Antes de ser streamer, trabajó en una mina. Lo cuenta sin pena, como un dato más de su biografía. Y esa humildad, esa cercanía con el origen, es parte de su atractivo. No es una figura inalcanzable. Es alguien que, como muchos, empezó desde abajo y fue construyendo su camino.

Consejos para vivir la Watch N Play Party y disfrutar al máximo

El evento, por su propia naturaleza, tiene reglas no escritas. No están en ningún cartel ni se mencionan en la entrada. Pero quienes han asistido a experiencias similares coinciden en ciertos puntos que, aunque parecen menores, terminan marcando la diferencia entre una noche cualquiera y un recuerdo duradero.

El primero de esos detalles es la llegada. La dirección del evento no se revela hasta el mismo día. Eso obliga a estar pegado a los canales oficiales durante las horas previas, pendiente de cada actualización. No es una dinámica que admita la improvisación. Requiere previsión: coordinar el traslado con margen, tener el teléfono cargado y, si se puede, atar el regreso antes de salir de casa. El que deja todo al final termina persiguiendo la información en vez de vivir el momento.

El segundo es más práctico y tiene que ver con el grupo. Quien llega solo, por lo general, se integra sin mayores complicaciones. El ambiente empuja a eso. Pero quienes van acompañados suelen reportar una experiencia más llevadera. No es que el evento sea inhóspito con el que asiste en solitario, sino que compartir la incertidumbre del lugar, el desplazamiento y los pequeños contratiempos del camino alivia buena parte de la logística. Es una diferencia sutil, pero los que la han vivido la notan.

Una vez dentro, el visitante advierte una primera diferencia con la sala de cine. No hay silencio. La gente habla, comenta, ríe. Las reacciones se expresan en voz alta, y eso no se negocia. Quien asiste debe aceptar ese nivel de ruido, constante, pero no hostil, como parte del contrato. La pantalla ocupa el centro, pero el entorno vibra. Celebraciones, protestas, discusiones sobre el árbitro: todo eso se suma al espectáculo, no lo distorsiona.

La distribución del espacio responde a una lógica sencilla. Los primeros en llegar se instalan en la zona central, donde la visibilidad es óptima. Quienes demoran terminan en los laterales o en las filas traseras, con una perspectiva más oblicua. No es un sistema de privilegios, sino de timing. Llegar temprano no asegura nada, pero inclina la balanza.

Hay aspectos que suelen subestimarse hasta que se está adentro. El espacio cerrado, con alta concentración de personas, tiende a elevar la temperatura. Usar ropa ligera o una prenda que pueda retirarse con facilidad resulta una decisión práctica que se valora al cabo de las primeras horas. El calzado también importa: permanecer de pie o moverse entre la multitud durante un partido completo exige más que la comodidad del sofá.

En síntesis, la Watch N Play Party rinde mejor cuando el asistente llega sin exigencias rígidas y con la disposición a integrarse a la dinámica del momento. Para disfrutarla, regístrate en Stake.pe y vive el Mundial como nunca lo has vivido. El fútbol, al final, opera como un pretexto. El resto lo hace el entorno.

El streaming y el fútbol: cuando la norma se multiplica

Hubo un tiempo en que la experiencia del espectador era homogénea, dictada por el sedentarismo frente a la pantalla y la voz unidireccional del narrador tradicional. Un esquema algo rígido. Sin embargo, la norma contemporánea es diferente y tiende a la dispersión y el disfrute colectivo.

La irrupción del streaming ha dinamitado el antiguo protocolo mediático al introducir formatos híbridos, donde la distancia entre el emisor y la audiencia se reduce a cero a través de una retórica mucho más empática y desmitificadora.

Los números respaldan esa tendencia. En Perú, el público que sigue el fútbol a través de plataformas de streaming creció de cero a dos millones en muy poco tiempo. No parece una moda pasajera. Es un cambio de hábito, una forma distinta de consumir el deporte rey. Y las encuestas, además, muestran que más de la mitad de los aficionados prefiere los partidos comentados por creadores de contenido antes que por los narradores tradicionales.

Esa es la ventana que Stake ha sabido aprovechar. En lugar de los típicos banners o campañas publicitarias, la plataforma apostó por un evento que pone a los creadores en el centro de la experiencia. No se trata de vender un producto, sino de construir una vivencia alrededor de los partidos. Y en esa lógica, El Zeein y Glogloking no son meros conductores, sino los anfitriones de una celebración.

Stake, que opera en el mercado regulado del Perú, entendió que el futuro no está en los carteles estáticos, sino en los rostros que la audiencia elige seguir voluntariamente. Mientras la competencia sigue compitiendo por el espacio publicitario en los medios clásicos, Stake movió la ficha hacia otra cancha: la de los creadores que hablan el mismo idioma que los jóvenes peruanos.

Las cifras del sector respaldan la jugada: el 73% de los peruanos que siguieron el último Mundial lo hicieron desde casa, según cifras del sector. Una audiencia masiva, sí, pero confinada al ámbito doméstico, sin el calor de la grada ni la comunión del encuentro presencial.

La Watch N Play Party viene a romper esa lógica. No propone reemplazar el estadio, pero sí rescatar aquello que la pantalla del televisor no puede transmitir: el roce con el vecino, la celebración compartida, el grito colectivo. Y para eso, nada mejor que dos streamers que saben leer el pulso de esta generación, que entienden que el fútbol también se vive desde el celular, la risa y el análisis sin formalismos.

La ciencia detrás del segundo plano o por qué tu cerebro ya no tolera una sola pantalla

Hay un dato que los analistas de consumo digital manejan en privado pero que rara vez llega a los titulares. Cerca del 80% de los espectadores menores de treinta años no miran los partidos de forma lineal, sino que practican el llamado uso de la segunda pantalla de manera simultánea.

La neurociencia explica que los niveles de dopamina de las nuevas generaciones funcionan bajo un umbral de estimulación diferente. Un partido de noventa minutos con interrupciones, faltas y revisiones del VAR se vuelve algo pesado para una mente habituada a la inmediatez de las redes.

Ahí radica el verdadero secreto de los creadores de contenido. La transmisión tradicional exige una atención rígida y unidireccional, mientras que el formato del streaming funciona como una comunidad abierta que entiende a la perfección los códigos de la hinchada nacional. La gente puede revisar el teléfono, mirar estadísticas o leer comentarios ajenos sin perder el hilo de la retransmisión.

El fútbol online no busca la contemplación silenciosa, sino que fomenta una chamba colectiva de entretenimiento donde la audiencia también aporta al show. Al final del día, el éxito de figuras como El Zeein o Glogloking no se explica por la táctica deportiva, sino por una lógica puramente social. Nadie quiere ver el partido solo cuando puede formar parte del meme en tiempo real.

También te puede interesar