Ciencia vs. redes sociales: ¿por qué la gente confía más en influencers que en médicos?
Un análisis publicado en The Lancet advierte que la ciencia pierde credibilidad frente a la narrativa emocional de las redes sociales.

Un análisis publicado en The Lancet advierte que la ciencia pierde credibilidad frente a la narrativa emocional de las redes sociales.
En plena era de la información, la confianza en la ciencia atraviesa una crisis global. Un reciente análisis publicado en la revista médica The Lancet plantea una paradoja inquietante: mientras la medicina alcanza niveles inéditos de precisión y transparencia, la desconfianza hacia expertos e instituciones sanitarias continúa creciendo, impulsada por el impacto emocional de las redes sociales.
El choque entre el dato científico y la emoción digital
El estudio sostiene que la ciencia, por su naturaleza prudente y basada en evidencia, comunica con matices y reconoce límites, lo que en el ecosistema digital suele interpretarse como falta de claridad. En contraste, los influencers ofrecen mensajes directos y certezas absolutas que generan cercanía emocional, lo que los vuelve más creíbles para ciertos públicos.
Según el análisis, el cerebro humano tiende a priorizar la resonancia emocional sobre la validez estadística cuando se siente vulnerable o confundido. Este fenómeno se ve amplificado por algoritmos que privilegian el contenido que provoca reacciones rápidas, creando un escenario donde un video breve puede tener más impacto que un estudio científico riguroso.
Algoritmos, confianza y el futuro de la comunicación científica
El informe advierte que las redes sociales han desdibujado la autoridad tradicional de la medicina al colocar en el mismo espacio digital a instituciones sanitarias y teorías sin respaldo científico. En este entorno, la ciencia compite con narrativas más simples y emocionalmente atractivas, lo que contribuye a fragmentar la confianza pública.
Frente a este escenario, los investigadores plantean que el reto no es solo difundir más datos, sino transformar la forma en que la ciencia se comunica. Proponen avanzar hacia un modelo de diálogo con la sociedad, donde las instituciones expliquen procesos, dudas y debates internos, buscando recuperar la confianza a través de la transparencia y la conexión humana.