No hay día en nuestra ciudad el que el caos no nos sofoque. Está ahí, en cada esquina, en las veredas con automóviles estacionados sobre ellas o haciendo doble fila, en zonas claramente marcadas para no estacionar y hasta nos topamos con talleres al paso que pintan y reparan objetos en plena vía pública, y que sirven también como centros de venta. Esto pasa en casi todos los distritos de Lima, donde la desfachatez y frescura no tiene freno.
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