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Docente de 80 años sigue enseñando y deja huella en estudiantes de Áncash

Cuando se habla de amor por la vocación, es inevitable referirse a Violeta Ardiles, una maestra ancashina de 80 años que ha sorprendido al continuar ejerciendo la docencia pese a su avanzada edad.

La educadora fue condecorada con las Palmas Magisteriales en la categoría Amauta, y se mantiene firme en su convicción de que enseñar es una forma de vida. Por ello, continúa recorriendo escuelas, llevando lectura, cultura y aprendizaje a niños de zonas rurales.

AMOR A SU PROFESIÓN

La experimentada maestra que sus primeros años de docente los realizó en la escuela rural de Rampac Grande, en Carhuaz, donde decidió permanecer durante toda su carrera profesional, indicó que la vocación de maestra nunca termina. “Un maestro no termina cuando se jubila; quien tiene vocación sigue haciendo lo que más le gusta: educar” 

Uno de los momentos más trascendentales de su carrera fue cuando tuvo que enseñar a estudiantes monolingües quechua hablantes, pese a que en ese entonces solo dominaba el castellano. “Aprendí quechua en un año para poder enseñar. Era la única forma de conectar con mis alumnos”, agregó. 

TRAS SU JUBILACIÓN

Después de 30 años de haber dedicado profesionalmente, tras su jubilación, lejos de alejarse de las aulas de clases decidió seguir su labor de manera voluntaria, donde siempre resalta a la lectura como una herramienta clave para el aprendizaje. “Leer es uno de los hábitos más valiosos, pero hay que saber llegar a los niños con contenidos que los motiven”, señala.

Por otro lado, uno de los momentos más importantes de su trayectoria fue cuando recibió las Palmas Magisteriales. “Este reconocimiento me honra profundamente y me motiva a seguir aportando”, manifestó.

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