El ciclón ‘Pam’, cuyos vientos alcanzaron los 300 kilómetros por hora, dejó más de ocho muertos y decenas de heridos durante su paso por la pequeña nación del Pacífico. La mayoría de las casas de la capital, Port Vila, sufrieron fuertes daños en sus estructuras. El presidente Baldwin Lonsdale describió la tormenta como ‘un monstruo’, y un gran retraso para el desarrollo del archipiélago.
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