Tras 15 años de intentos presidenciales, campañas intensas y una larga relación marcada por la desconfianza política, Keiko Fujimori se prepara para asumir el mayor reto de su carrera: gobernar un país que le dio el triunfo, pero que todavía exige señales claras de unidad, orden y estabilidad.
La ONPE culminó el conteo al 100% de las actas de la segunda vuelta presidencial y confirmó que Keiko Fujimori obtuvo la mayoría de votos frente a Roberto Sánchez, en una elección definida por un margen estrecho y en medio de cuestionamientos de sectores de izquierda. Según el reporte oficial difundido por El Peruano, Fujimori alcanzó el 50.135% de los votos válidos y superó a Sánchez por más de 49,600 votos.
El resultado llega después de varios intentos fallidos de Fujimori por llegar a Palacio de Gobierno, procesos fiscales, protestas, derrotas electorales y una permanente resistencia de sus opositores. Bajo la metáfora de una boda política, el país finalmente le dijo “sí, acepto”, pero el inicio de esta convivencia estará lejos de ser sencillo: inseguridad ciudadana, crisis económica, hospitales colapsados y una ciudadanía golpeada por años de inestabilidad aparecen entre los principales desafíos de su próximo gobierno.
Analistas políticos advierten que Fujimori deberá ganarse la confianza de quienes aún la miran con dudas. El reto de la futura presidenta no será solo haber conquistado Palacio de Gobierno, sino lograr una convivencia política con un país fragmentado y exigente.
Respecto al perfil del primer gabinete, Carlos Díaz-Rosillo, director fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom de Florida International University y exfuncionario de la Casa Blanca, sostuvo que un presidente necesita colaboradores comprometidos con su éxito. En ese sentido, afirmó que el próximo gabinete deberá combinar capacidad técnica, honestidad y coincidencia política con la presidenta.
“Tienes que tener la capacidad de gestionar, tienes que ser obviamente capacitado, transparente, honesto, serio, pero también tienes que compartir la línea ideológica de la presidenta”, señaló. Sobre Luis Galarreta, actual primer vicepresidente electo, dijo que “es extraordinario” y lo describió como un colaborador cercano de Fujimori durante varios años, aunque remarcó que la decisión final sobre cada cartera corresponde a la futura mandataria.
“MANO FIRME” ANTE MARCHAS VIOLENTAS
Keiko Fujimori también debe hacer frente ante eventuales protestas contra su gobierno. Al respecto, Díaz-Rosillo defendió el derecho constitucional a la expresión y a la protesta, pero marcó una diferencia frente a los actos de violencia. “Una cosa es salir a las calles a expresar tu descontento con el resultado, porque no votaste por ella, porque te parece que no es la persona adecuada. Eso es válido. Lo que no es válido es utilizar violencia”, afirmó. El exfuncionario sostuvo que, ante bloqueos o acciones violentas, el Estado debe actuar con “mano firme” para evitar que grupos radicales “secuestren al país”.