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Descubren el primer microblázar de la Vía Láctea: un agujero negro que expulsa materia hacia la Tierra

Foto: EFE.

Un equipo internacional de astrónomos descubrió el primer microblázar identificado en la Vía Láctea, un sistema formado por una estrella masiva y un agujero negro que absorbe parte de su materia y expulsa potentes chorros a velocidades cercanas a la de la luz. Lo extraordinario de IRAS 18293−0941 es que uno de esos chorros está orientado casi directamente hacia la Tierra, una característica que convierte al objeto en un laboratorio excepcional para estudiar algunos de los fenómenos más extremos del universo.

Un agujero negro oculto durante décadas

Ubicado a aproximadamente 12 mil años luz de la Tierra, IRAS 18293−0941 permaneció prácticamente invisible para los telescopios ópticos debido a las densas nubes de polvo interestelar que lo rodean. Aunque había sido catalogado décadas atrás, su verdadera naturaleza pasó inadvertida. El sistema está compuesto por una estrella masiva y caliente y un agujero negro que la orbita cada 11,38 días, alimentándose de parte de su materia.

El agujero negro expulsa el material restante mediante dos chorros opuestos que viajan a velocidades extremas. Uno de ellos apunta hacia nuestro planeta, mientras que el otro, mucho más difícil de observar, impactaría contra una nube de gas. Los científicos consideran que esta interacción podría contribuir a explicar el origen de algunas de las partículas de mayor energía detectadas en el espacio cercano.

Radiotelescopios confirman el primer microblázar de la Vía Láctea

Para comprobar su naturaleza, los investigadores utilizaron la Red Europea de VLBI (EVN), un conjunto de radiotelescopios que funciona como una gigantesca antena de miles de kilómetros de diámetro. Las observaciones de radio permitieron detectar un chorro aparentemente unilateral, una señal compatible con material desplazándose casi directamente hacia la Tierra. Paralelamente, observatorios astronómicos detectaron pequeñas variaciones periódicas en el brillo de la estrella, por lo que dos técnicas independientes llegaron a la misma explicación.

El descubrimiento, publicado en Astronomy & Astrophysics, confirma una clase de objetos cuya existencia había sido propuesta teóricamente desde la década de 1990. A diferencia de los blázares tradicionales —alimentados por agujeros negros supermasivos situados en galaxias distantes—, este microblázar se encuentra dentro de nuestra propia galaxia y opera a escala estelar. Su cercanía permitirá observar en días procesos que en los grandes blázares pueden desarrollarse durante miles de años, además de estudiar cómo sus poderosos chorros interactúan con las nubes interestelares donde nacen nuevas estrellas.

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