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¿Por qué los niños imaginan monstruos debajo de la cama?

El miedo a criaturas escondidas en la habitación es frecuente entre los 3 y 6 años, cuando la imaginación infantil supera su capacidad para diferenciar la fantasía de la realidad.

Foto: Internet.



Cuando llega la noche y se apagan las luces, muchos niños aseguran que hay un monstruo debajo de la cama o escondido dentro del armario. Aunque esta escena suele generar preocupación en los padres, se trata de un temor habitual durante la infancia. Sin embargo, la explicación propuesta por Sigmund Freud hace casi un siglo plantea una pregunta distinta: ¿qué emoción necesita representar el niño mediante esa criatura imaginaria?

El monstruo como reflejo de las emociones infantiles

Los miedos infantiles suelen aparecer entre los 3 y 6 años, etapa en la que los menores desarrollan su imaginación, pero todavía tienen dificultades para separar completamente la realidad de la fantasía. El miedo a la oscuridad, a quedarse solos, a los sonidos nocturnos o a personajes imaginarios forma parte de un proceso natural que normalmente disminuye conforme avanzan el razonamiento y la comprensión del entorno.

Desde la perspectiva del psicoanálisis, Freud consideraba que el inconsciente no siempre expresa directamente los deseos, conflictos o sentimientos, sino que utiliza símbolos. De esta manera, el monstruo debajo de la cama podría representar celos por la llegada de un hermano, frustración ante los límites impuestos por los padres, inseguridad, culpa, ansiedad o rabia acumulada durante el día.

¿Por qué los monstruos aparecen durante la noche?

Durante el día, los niños permanecen ocupados con el colegio, los juegos y las conversaciones. Cuando llega la noche, disminuyen los estímulos externos y las emociones que no fueron procesadas encuentran más espacio para manifestarse. Como el menor aún no cuenta con suficiente lenguaje emocional para explicar lo que siente, esas preocupaciones pueden transformarse en criaturas, historias o amenazas imaginarias.

Según esta teoría, los monstruos también cumplirían una función protectora: permiten que el niño coloque su angustia fuera de sí mismo y la convierta en algo más fácil de identificar. Al imaginar una criatura externa, puede pedir ayuda, buscar refugio en sus padres o pensar en formas de derrotarla. Por ello, especialistas recomiendan no limitarse a decir que los monstruos no existen, sino escuchar al menor y explorar si atraviesa cambios como el inicio del colegio, el nacimiento de un hermano, tensiones familiares u otras situaciones de incertidumbre.


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