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¿Somos producto del lugar donde nacemos? La ciencia examina el peso de la cultura en la personalidad

Estudios en genética y psicología intercultural revelan que el entorno explica una parte sustancial de cómo pensamos y actuamos.

Foto: YouTube/elvecindariodecalle13



El lugar donde una persona crece puede moldear de manera profunda su forma de pensar, sentir y actuar. Así lo plantean especialistas en psicología intercultural y genética conductual, quienes sostienen que, aunque el ADN es único en cada individuo, no basta por sí solo para explicar la personalidad. Las experiencias sociales, las normas culturales y los valores predominantes en cada país influyen en cómo se desarrollan rasgos como la extroversión, la obediencia o la apertura a nuevas experiencias.

Estudios con gemelos idénticos y no idénticos han permitido estimar cuánto pesan la herencia y el entorno. Un amplio metaanálisis realizado en 2015, que examinó datos de millones de gemelos durante casi cinco décadas, concluyó que la genética explica en promedio alrededor del 50% de las diferencias en múltiples rasgos humanos. En el caso del coeficiente intelectual, la heredabilidad supera la mitad, especialmente en la adultez, mientras que los rasgos de personalidad se sitúan en torno al 40%. Esto significa que el entorno cultural tiene un margen significativo para influir en la configuración del carácter.

Psicología intercultural: cultura, cerebro y comportamiento

La disciplina de la psicología intercultural ha cuestionado la antigua idea de que los hallazgos obtenidos en Europa o Estados Unidos son universalmente aplicables. Investigaciones comparativas muestran diferencias sistemáticas entre sociedades occidentales y asiáticas. En países como Estados Unidos o Reino Unido, las personas tienden a definirse por atributos individuales —como ser creativos o amables—, mientras que en contextos como Japón o China es más frecuente que la identidad se describa en función de roles sociales, como hijo o estudiante. Incluso estudios con escáner cerebral han mostrado que, al pensar en sí mismos, participantes occidentales activan áreas vinculadas a la autoconciencia individual, mientras que en muestras chinas también se activan regiones asociadas al pensamiento sobre la madre.

Otras investigaciones indican que las normas culturales influyen en la relación con la autoridad. Niños criados en Taiwán, por ejemplo, mostraron mayor tendencia a obedecer a sus padres incluso cuando inicialmente estaban en desacuerdo, en comparación con hijos de inmigrantes chinos criados en Inglaterra. Asimismo, un estudio de 2022 en 22 países halló que sociedades que priorizan la autodisciplina —como Albania, India, Alemania, Francia, Hong Kong y China— registran mayores niveles de responsabilidad y organización, mientras que culturas más individualistas y flexibles —como Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Irlanda, Noruega o Filipinas— presentan mayores puntajes en apertura y amabilidad.

No obstante, los especialistas advierten que estas diferencias no deben simplificarse en una división rígida entre “Oriente” y “Occidente”. Las variaciones internas dentro de cada país pueden ser tan relevantes como las diferencias entre naciones, y muchos estudios se basan en autopercepciones que no siempre reflejan comportamientos objetivos. Desde la filosofía, además, el debate continúa: algunas corrientes sostienen que la identidad es esencialmente biológica, mientras que otras defienden que el yo se construye socialmente. En cualquier caso, la evidencia científica coincide en que crecer en un entorno distinto no solo cambia costumbres, sino que puede modificar de manera significativa la personalidad y hasta la forma en que el cerebro procesa la experiencia.


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