Esta vez un estudio de la Johns Hopkins University muestra que cuanta más grasa del abdomen se pierde, más capaces son las arterias de expandirse, facilitando la irrigación de la sangre.
En las conclusiones se indica que reducir la grasa del abdomen puede mejorar el funcionamiento de los vasos sanguíneos, tanto si se logra mediante una dieta baja en carbohidratos como con una baja en grasas.
Así lo aseguran los investigadores de la Johns Hopkins University en el encuentro que la Asociación Americana del Corazón (AHA) celebró en la ciudad estadounidense de San Diego, en los Estados Unidos, donde los debates se centraron en prevenir la patología cardiovascular.
Quienes intervinieron en el estudio siguieron a 60 hombres y mujeres con una media de 90 kilos al inicio del programa, mientras que la mitad de los participantes siguió una dieta baja en carbohidratos y el resto una dieta con pocas grasas. Todos realizaron ejercicio moderado e ingirieron una cantidad similar de calorías diarias.
Allí se descubrió que, cuanta más grasa del abdomen se perdía, más capaces eran las arterias de expandirse cuando lo necesitaban, facilitando la circulación de la sangre. Asimismo, vieron que quienes siguieron una dieta baja en carbohidratos perdieron más peso que el resto.
Según precisa el estudio encabezado por Kerry J. Stewart, profesor de Medicina de la Johns Hopkins University, tras seis meses, los que siguieron una dieta baja en carbohidratos perdieron una media de 13,6 kilos frente a los 8,6 que bajaron los que seguían una dieta con pocas grasas.
También se evaluó la salud de los vasos sanguíneos de los participantes antes y después del programa de pérdida de peso y constataron que, cuanta más grasa abdominal había perdido una persona, mayor cantidad de sangre circulaba por sus venas, señal de que existe un buen funcionamiento de las arterias.
"Este estudio demuestra que la mejora en los vasos está directamente vinculada a la cantidad de grasa abdominal o central han perdido los individuos, con independencia de la dieta con la que lo lograron", expuso Stewart en San Diego.
La importancia de este descubrimiento radica en que antes "existía una preocupación por que las dietas bajas en carbohidratos --que suponen la ingesta de más grasa-- pudieran ser perjudiciales para la salud cardiovascular". "Estos resultados demuestran que estas dietas no tienen efectos negativos", concluye Stewart.


