Detrás de cada emprendimiento hay una historia de superación. En el 2025, 1510 jóvenes mujeres lograron avanzar hacia su autonomía económica, dando pasos firmes para construir una vida libre de violencia gracias al acompañamiento del Programa Nacional Warmi Ñan del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). De ellas, 1165 iniciaron un emprendimiento propio y 345 lograron insertarse en el mercado laboral, mientras que 2303 fueron capacitadas en habilidades para la vida y finanzas básicas, fortaleciendo así sus proyectos de vida.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, te contamos algunas historias. En el distrito de El Porvenir, en Trujillo, Ariana Lorena Agustín Rodríguez, de 24 años, encontró en el Club “Formándose para la vida” la oportunidad de convertir una tradición familiar en un negocio rentable. Criada en una familia dedicada a la fabricación de calzado, aprendió desde muy joven la técnica del perfilado. Sin embargo, fue en el club donde fortaleció sus habilidades blandas y accedió a capacitaciones técnico-productivas que le permitieron transformar su talento en una fuente de ingresos.
“Primero empecé haciendo pequeños trabajos. Con el tiempo pude comprar mi propia maquinaria y crear mis modelos. Hoy soy conocida en mi distrito y varios fabricantes me llaman para trabajar. Gracias al club soy la mujer que siempre quise ser”, cuenta Ariana, quien proyecta en el futuro tener su propia fábrica de zapatos y retomar sus estudios de Educación Inicial.
Desde Cajamarca, María Alejandra Ramírez Colorado, de 24 años y residente en el distrito de Baños del Inca, también encontró en el club un espacio para fortalecer su autoestima y descubrir nuevas oportunidades. Ingresó en 2019 motivada por su madre y, a partir de las capacitaciones recibidas, despertó su interés por el rubro de los lácteos.
“Lo primero fue fortalecer mi autoestima. Luego llevé cursos de habilidades para la vida y capacitación técnica en la elaboración de yogurt y chocotejas”, recuerda. Ese proceso la llevó a crear su emprendimiento “Valentina Chocoñam”, inspirado en el nombre de su hija, su principal motivación.
Para elaborar sus productos, María Alejandra cuida cada detalle. Extrae leche fresca de vaca en la chacra, utiliza alrededor de 15 litros para garantizar la calidad del yogurt y prepara mermeladas con frutas naturales que luego incorpora a sus productos. Además, elabora manjar para sus chocotejas y utiliza ingredientes de la zona como yacón, porporo y rabanito. Sus productos los vende en su comunidad y ferias locales, y su meta es consolidar su marca y retomar sus estudios de Administración.
En Huancayo, región Junín, Meyli Astonaraujo, de 24 años, también encontró en el club el impulso para emprender. Motivada por los talleres de empoderamiento, autoestima y liderazgo, empezó a explorar diferentes iniciativas hasta consolidar su negocio “Turrones artesanales”, especializado en turrones de pecanas, almendras y frutos secos.
“Desde que ingresé al club me fortalecí en habilidades sociales y aprendí a creer en mí. Muchas personas cuestionaban que yo participara en un club, pero hoy mi emprendimiento demuestra que sí es posible salir adelante”, afirma Meyli, quien sueña con convertir su negocio en una empresa y culminar su carrera de Contabilidad y Finanzas.
Actualmente, 81 clubes “Formándose para la vida” funcionan en todo el país, brindando acompañamiento a adolescentes y jóvenes mujeres de entre 14 y 24 años en situación de pobreza y pobreza extrema. Durante un periodo de dos años, las participantes fortalecen sus habilidades personales, vocacionales y financieras, ampliando sus oportunidades económicas y contribuyendo a prevenir situaciones de violencia en sus vidas.


