
El Programa Nacional de Centros Juveniles (PRONACEJ) continúa logrando hitos en la implementación de su Plan Integral de Deshacinamiento y Seguridad, aprobado el julio pasado, una estrategia que la actual gestión ha priorizado para transformar las condiciones de intervención en los centros juveniles del país y enfrentar problemas históricos como el hacinamiento, la convivencia de adolescentes con distintos perfiles de riesgo y el ingreso de objetos prohibidos.
Uno de los cambios más importantes se viene ejecutando en el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación (CJDR) Lima, el más grande del país, que actualmente alberga a 723 adolescentes en conflicto con la ley penal. El Director Ejecutivo del PRONACEJ, Luis Vega, ha dispuesto la redistribución de la población interna, acompañada de la ampliación y recuperación de espacios, para garantizar un tratamiento diferenciado de acuerdo con el perfil y nivel de riesgo de cada adolescente.
“Desde el PRONACEJ venimos rindiendo cuenta del cumplimiento de nuestro Plan de Deshacinamiento. Con todas las actividades que venimos realizando buscamos recuperar la disciplina, el orden y la seguridad en nuestros centros juveniles, tanto por el bien de nuestro personal como de los propios adolescentes internos”, sostuvo el director.
La medida responde a una realidad compleja, debido a que, durante años, adolescentes de distintas edades y de nivel de infracciones y riesgo diversos, compartieron espacios sobrepoblados, generando el temido “contagio criminógeno”, fenómeno que genera que mayores de edad con conductas más violentas terminan influyendo negativamente en los adolescentes.

Esta reorganización permitirá corregir una de las principales brechas del centro juvenil. Actualmente, más de 360 adolescentes pertenecen al Programa II, la primera etapa de intervención que concentra la mayor cantidad de internos del CJDR, y que históricamente ha operado en espacios reducidos. Con la habilitación de una nueva infraestructura, 100 adolescentes de este programa accederán a ambientes más adecuados para el desarrollo de sus procesos de tratamiento y resocialización.
Como parte de esta redistribución, los 192 adolescentes del Programa III serán trasladados a patios con tamaños de acuerdo a su población. Esta reestructuración permitirá optimizar la capacidad instalada y mejorar las condiciones de habitabilidad y seguridad dentro del mismo centro juvenil.
La estrategia también contempla mantener separados a los jóvenes de mayor peligrosidad, vinculados a infracciones graves, como sicariato y extorsión, quienes permanecerán en programas de internamiento intensivo, alejados de los adolescentes de menor riesgo, reduciendo así la posibilidad de que lideren reyertas, actos de violencia o intentos de ingreso de objetos prohibidos.


