
Rosa Antón, paciente asegurada de 73 años, vuelve a sonreír y ver la vida sin dolor luego de ser intervenida con éxito, por médicos del hospital Alberto Sabogal Sologuren, del Seguro Social de Salud (EsSalud), por un glaucoma neovascular y ojo ciego doloroso, enfermedad que le causaba intensos dolores.
La doctora Evelyn Lazo, subespecialista en glaucoma y catarata del Hospital Sabogal, explicó que a la paciente se le aplicó el procedimiento conocido como Ciclofotocoagulación Láser Transescleral con el equipo Cyclo G6, el cual permitió reducir de manera significativa la presión intraocular sin necesidad de una cirugía abierta, cortes ni suturas.

Explicó que este tratamiento beneficia a pacientes que no responden al tratamiento médico y quirúrgico convencional, o que presentan contraindicación para una cirugía invasiva. “Esta terapia láser representa una alternativa segura, eficaz y de rápida recuperación. Es un procedimiento no invasivo que dura entre 5 y 10 minutos. La paciente regresó a casa el mismo día y presentó una evolución favorable en corto tiempo”, precisó.
La especialista dijo que, tras el procedimiento, Rosa logró reducir la presión intraocular en más del 50 %, disminuyó el uso de gotas oftalmológicas y, lo más importante, recuperó su calidad de vida. Actualmente continúa con controles médicos periódicos y tratamiento para su otro ojo.

La doctora Lazo recordó que el glaucoma es la principal causa de ceguera en el Perú y en el mundo, y resaltó la importancia del diagnóstico, control y tratamiento oportuno.
“El tratamiento del glaucoma busca reducir la presión intraocular, ya sea con gotas, cirugías o procedimientos láser como este, que hoy se realiza por primera vez en la Red Prestacional Sabogal”, indicó.

Cambio radical
Tras recibir el alta la paciente agradeció al personal médico que la intervino y señaló que luego del procedimiento su vida cambió radicalmente y que hoy sus dolores se han reducido. Rosa, chalaca de corazón, recordó que incluso su condición no le permitía participar en actividades cotidianas y reuniones familiares.
“Mi familia se daba cuenta de que estaba mal. Yo decía que mi ojo me duele. Gracias a la doctora y a Dios, después del procedimiento el dolor bajó muchísimo. Ahora estoy más tranquila, hago mis cosas, trabajo con las manos y ya no tengo que quedarme en casa por el dolor”, expresó emocionada.


