Veinticinco años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, conocidos mundialmente como 11-S, las imágenes de los aviones impactando contra las Torres Gemelas continúan formando parte de la memoria colectiva. Sin embargo, junto con los hechos comprobados, en redes sociales todavía circulan teorías de conspiración que atribuyen los ataques al propio Gobierno estadounidense o sostienen que los edificios del World Trade Center fueron derribados mediante explosivos.
El 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda secuestró cuatro aviones comerciales: dos fueron estrellados contra las Torres Gemelas en Nueva York y un tercero impactó contra el Pentágono, en Washington D. C. El cuarto avión cayó en Pensilvania después de que pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave. Los ataques provocaron la muerte de casi 3 mil personas, dejaron miles de heridos y transformaron las políticas de seguridad y lucha contra el terrorismo en Estados Unidos y otras partes del mundo.
¿El Gobierno de Estados Unidos estuvo detrás del 11-S?
Una de las teorías más persistentes sostiene que las autoridades estadounidenses conocían previamente los ataques o incluso participaron en su planificación. Una encuesta de YouGov de 2023 reveló que uno de cada cinco estadounidenses consultados creía que el Gobierno estuvo detrás del 11-S. Otra narrativa difundida durante años afirma que las Torres Gemelas fueron destruidas mediante una demolición controlada, pese a que no existen pruebas que sustenten esta hipótesis. Investigaciones técnicas, entre ellas las realizadas por el National Institute of Standards and Technology (NIST), determinaron que los impactos de los aviones y los incendios posteriores provocaron daños estructurales que desencadenaron los derrumbes.
¿Por qué las teorías de conspiración del 11-S siguen vigentes?
Especialistas señalan que los acontecimientos traumáticos y de gran magnitud generan interrogantes difíciles de procesar. El investigador Daniel Jolley, de la Universidad de Nottingham, explica que la necesidad de encontrar certezas, recuperar una sensación de control y reducir el miedo puede favorecer la aceptación de explicaciones conspirativas. La pregunta sobre cómo Estados Unidos, una de las mayores potencias del mundo, pudo ser sorprendido por un ataque de semejante magnitud sigue funcionando como punto de partida para muchas de estas narrativas.
El problema, advierten los expertos, es que las teorías conspirativas mezclan hechos reales con desinformación, alimentando la desconfianza hacia gobiernos, instituciones, medios de comunicación y comunidad científica. Además, determinadas narrativas pueden derivar en antisemitismo, racismo, discriminación y posiciones extremistas. Frente a este escenario, especialistas recomiendan contrastar información con fuentes confiables, revisar evidencias y promover el pensamiento crítico, especialmente ante contenidos sobre el 11-S que vuelven a viralizarse en redes sociales cada aniversario.


