América Latina alberga una de las mayores reservas estratégicas de agua dulce de la Tierra, un recurso cada vez más escaso a nivel global. Se trata del Sistema Acuífero Guaraní, una formación subterránea que se extiende por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, y que concentra cerca de 30.000 kilómetros cúbicos de agua, según estimaciones técnicas internacionales.
Este acuífero, considerado el más grande de América Latina y el tercero del mundo, se encuentra a profundidades que alcanzan los 2.000 metros, y almacena agua que se ha filtrado durante miles de años a través de capas de roca altamente permeables. Su importancia radica no solo en su tamaño, sino en la calidad del agua, que presenta baja salinidad y mínimos niveles de contaminación natural.
En un contexto donde menos del 3 % del agua del planeta es dulce y solo una fracción está disponible para uso humano, el valor estratégico del Acuífero Guaraní cobra especial relevancia. De acuerdo con organismos internacionales, el continente americano concentra alrededor del 45 % de las reservas renovables de agua dulce, lo que convierte a la región en un eje central frente al cambio climático y la creciente demanda hídrica.
UN RECURSO COMPARTIDO Y EN RIESGO
Brasil posee la mayor porción del acuífero, utilizándolo para abastecimiento urbano, agrícola e industrial, mientras que Argentina, Paraguay y Uruguay dependen de este sistema para consumo humano, riego y actividades productivas. Especialistas advierten que, pese a su magnitud, el acuífero no es inagotable y enfrenta riesgos asociados a la sobreexplotación, la contaminación y la falta de coordinación regional.
A nivel mundial, países como Canadá, Rusia, Estados Unidos y China también destacan por sus reservas de agua dulce, sustentadas en grandes ríos y lagos. Sin embargo, el Acuífero Guaraní sobresale por su carácter subterráneo y estratégico, convirtiéndose en uno de los recursos naturales más valiosos de Sudamérica en un escenario global marcado por la escasez de agua potable.



