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Pasado Miércoles 18

Muere a los 118 años la monja francesa sor André, la persona más anciana del mundo

La religiosa falleció la madrugada del martes en una residencia para ancianos de Toulon, al sur de Francia. Fue reconocida en abril como la persona de mayor edad del mundo.

Foto: AFP



La madrugada del martes murió la francesa conocida como sor André, considerada desde abril como la persona de mayor edad del mundo, en su residencia para ancianos de Toulon (sur). Así lo anunció el portavoz del establecimiento. "Falleció a las 2 de la mañana", mientras dormía, precisó.

Lucile Randon nació el 11 de febrero de 1904 en la ciudad meridional francesa de Alès. El título de persona más anciana del mundo no es atribuido por ningún organismo oficial, pero los especialistas concordaban en que la religiosa era la persona de mayor edad de la que se podía verificar el estado civil.

Por tal razón, el libro Guinness de los Récords le confirió ese rango el 25 de abril de 2022, tras el fallecimiento, a los 119 años, de la japonesa Kane Tanaka. Sor André, ciega y en silla de ruedas, no escondía desde hacía algunos años cierto cansancio y confesaba que su deseo era "morir pronto".

LA PERSONA MÁS LONGEVA DEL MUNDO

Esta mujer, nacida en el seno de una familia protestante no practicante, tomó los hábitos tardíamente, en la congregación de las Hijas de la Caridad, y trabajó hasta finales de los años 1970.

Aunque luego siguió ocupándose de otros jubilados, más jóvenes que ella. "Se dice que el trabajo mata, pero a mi es el trabajo el que me hace vivir, pues trabajé hasta los 108 años", dijo en aquella ocasión.

"Sentimos una gran tristeza, pero ella ya lo quería, su deseo era reunirse con su hermano adorado. Para ella, es una liberación", anunció David Tavella, encargado de comunicación del ancianato Sainte-Catherine-Labouré de Toulon (sur), en la costa mediterránea donde residía.

SUPERÓ EL COVID-19

A sor André, en el ancianato de Toulon, le gustaban los chocolates y también degustar una copa de Oporto. Iba a misa cada mañana ataviada con su uniforme de religiosa, siempre con una tela azul cubriendo su cabello.

En 2021, le dio el covid-19 y lo superó sin dificultades, por lo que recibió numerosas cartas de muchas partes del mundo, a las que respondía, salvo cuando le pedían pedazos de su cabello.

La religiosa siempre esperaba con alegría la visita de sus sobrinos nietos o sobrinos bisnietos o la del alcalde de Toulon, Hubert Falco, a quien apreciaba mucho y quien expresó su "inmensa tristeza" por su muerte.


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