Durante muchos años, la gran promesa del internet fue la libertad de ver el contenido que quisiéramos y cuando quisiéramos. Llegó el “on demand”, llegaron las maratones de series a medianoche y nos acostumbramos a poner en pausa al mundo. A día de hoy, esto sigue evolucionando; el directo está de regreso, esta vez repotenciado.
En Perú estamos cada vez más conectados
Nada de esto sería posible sin cimientos sólidos; en este caso, se trata de la conectividad. Y es que el avance del país en este sentido ha tenido un incremento notable durante los últimos años. Según datos del Organismo Supervisor de Inversión Privada en Telecomunicaciones (OSIPTEL), al tercer trimestre de 2025, el país ya superaba los 4.2 millones de conexiones de internet fijo, una cifra récord que es impulsada en gran parte por la expansión de la fibra óptica.
Pero el dato más revelador ni siquiera es cuántos nos conectamos, sino cómo lo hacemos: más del 94% de esas conexiones ya cuentan con velocidades de 100 Mbps o más. Esto es precisamente, una conexión rápida y estable, lo que permite que las transmisiones en vivo sean una experiencia positiva, fluida y disfrutable.
Pasamos del “on demand” al “en directo”
Ver contenido cuando uno quiere sigue siendo cómodo y conveniente, pero hay un factor “irrepetible” que está presente. Para ejemplificar esto, un partido decisivo no se disfruta igual en diferido. Por eso plataformas de transmisión de videojuegos, eventos deportivos e incluso series y shows han crecido tanto entre el público.
Ese crecimiento, por supuesto, no se debe a la casualidad. Según reflejan los reportes recogidos por medios como Infobae sobre la encuesta ERESTEL, alrededor de 10 millones de hogares peruanos ya están conectados a internet. Con tanta gente en línea al mismo tiempo, lo “en vivo” no es algo aislado; es, de hecho, una forma de compartir momentos.
La tecnología que lo hace posible
Detrás de cada transmisión sin cortes hay mucha ingeniería invisible. Empecemos por mencionar la baja latencia, que no es más que el tiempo que tarda una imagen capturada por una cámara en llegar a tu pantalla. Cuando ese retraso se mide en fracciones de segundo, la sensación de “inmediatez” es total y, por supuesto, coherente.
La fibra óptica y las redes 4G cada vez más rápidas (sumada la llegada del 5G) han reducido esa latencia al mínimo. Junto con ello, los avances en compresión de video y en servidores distribuidos son los que permiten que miles de personas vean el mismo contenido sin que la conectividad se desplome ni la latencia se incremente. El resultado… un directo que es inmediato, nítido y, como vimos, participativo.
Entretenimiento interactivo, porque solo ver ya no basta
El streaming, por otra parte, tiene una tendencia creciente en la que ha dejado de ser una calle de un solo sentido. Hoy no solo miramos, también comentamos, reaccionamos, votamos y en muchos casos también influimos en lo que puede suceder del otro lado de la pantalla, como ocurre en la mítica película de Netflix, Black Mirror: Bandersnatch.
Esto se ve en formatos muy distintos, en live shopping, donde presentadores muestran productos y responden preguntas del público en tiempo real. En transmisiones de streamers, donde los espectadores (el “chat”) pueden marcar el rumbo del directo con sus mensajes. Y en los juegos de azar en línea, donde han surgido propuestas que combinan directo con interacción, como el casino en vivo PlayUZU, donde presentadores reales conducen los distintos juegos disponibles por una transmisión directa y los participantes deciden sus jugadas desde sus dispositivos. Todos ejemplos de la misma tendencia: pasar de un simple espectador a parte activa de la experiencia.
¿Por qué nos atrae tanto el “en vivo”?
Una de las razones por las que lo que es en directo nos llama la atención es porque es auténtico; no está editado ni se puede rehacer. Además hay un factor de incertidumbre que el contenido previamente producido difícilmente puede replicar.
También está el factor comunidad. Compartir un momento exacto con miles de personas crea una sensación de pertenencia de estar viviendo “lo mismo, al mismo tiempo”. Y finalmente, juega el clásico FOMO (Fear of Missing Out, por sus siglas en inglés), el temor de perdernos algo que podría ocurrir solo una vez.
Lo que viene para Perú
Con la fibra óptica llegando a más regiones y el 5G ganando terreno (no confundir con las falsificaciones 5G), todo apunta a que el entretenimiento en tiempo real va a seguir su camino de crecimiento dentro y fuera del país. Es probable que veamos transmisiones cada vez más interactivas, incluso con realidad aumentada, votaciones en vivo o experiencias personalizadas según los gustos de cada espectador.
La gran lección de esta década digital ahora mismo es que la comodidad del “cuando quieras” no ha eliminado las ganas de vivir las cosas de “ahora mismo”. Y mientras la conexión en Perú siga mejorando, ese “ahora mismo” se verá cada vez mejor y, probablemente, con un mayor número de espectadores.



