Un agente de la Policía Nacional del Perú atraviesa una situación de alto riesgo junto a su familia tras haber frustrado un asalto en 2024, cuando fue interceptado por delincuentes mientras se desplazaba en un falso colectivo. Durante el intento de robo, el conductor del vehículo le apuntó con un arma de fuego y sus cómplices intentaron reducirlo, sin imaginar que se trataba de un efectivo en actividad.
Gracias a una reacción inmediata y al uso de técnicas policiales, el agente logró someter a los atacantes y ponerlos a disposición de las autoridades. Los implicados cumplen actualmente condena; sin embargo, el chofer del vehículo logró escapar y permanece no habido. Desde entonces, la familia del policía asegura ser víctima de constantes amenazas, una situación que se ha prolongado por más de un año y que ha generado temor permanente.
Amenazas persistentes y pedido de apoyo institucional
De acuerdo con los familiares, los mensajes intimidatorios han llegado incluso a través de aplicaciones de mensajería, lo que los ha obligado a restringir severamente su vida cotidiana. La madre del efectivo relató que, por miedo, han dejado de salir a la calle, asistir a actividades habituales o realizar compras básicas. Señaló además que el policía presenta un cambio notorio en su comportamiento, producto del estrés y la presión constante que enfrenta.
La familia sostiene que no ha recibido el respaldo necesario por parte del comando policial y solicita que se activen los protocolos correspondientes para garantizar su seguridad. La madre del agente expresó que su hijo mantiene intacta su vocación y compromiso con la institución, pero requiere protección y acompañamiento. En 2026 se cumplirán dos años desde que viven bajo amenazas, sin que el efectivo haya sido reconocido oficialmente por la intervención que evitó un delito en las calles.


