La incorporación del Perú al “Escudo de las Américas”, anunciada durante la visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, provocó posiciones encontradas en el escenario político nacional. Desde el Gobierno y sectores que respaldan la medida se destacó que la alianza permitirá fortalecer la cooperación y el intercambio de inteligencia para enfrentar a organizaciones criminales transnacionales.
Quienes defienden el acuerdo sostienen que la participación de Estados Unidos, mediante tecnología y procedimientos especializados, podría ser clave para combatir delitos como el narcotráfico, el narcoterrorismo y la extorsión. Como ejemplo, se mencionó la captura en Bolivia del líder de la organización criminal Los Pulpos, operación en la que habría sido utilizada tecnología avanzada del FBI.
Sin embargo, representantes de la oposición expresaron preocupación por los alcances de la alianza y cuestionaron la posibilidad de que determinadas bandas criminales sean vinculadas con el terrorismo internacional. También señalaron que el Perú es un país soberano y manifestaron su preocupación por la actual disputa comercial entre Estados Unidos y China, planteando dudas sobre las implicancias geopolíticas del acuerdo.
POSICIONES DIVIDIDAS
El debate ha abierto una nueva discusión sobre la forma de enfrentar la inseguridad ciudadana. Mientras unos consideran que la cooperación internacional es necesaria para acceder a herramientas tecnológicas y perseguir redes criminales que operan fuera del país, otros advierten sobre posibles riesgos para la soberanía. En medio de estas posiciones, el desafío planteado es determinar si la lucha contra la criminalidad puede convertirse en un punto de unidad nacional por encima de las diferencias ideológicas.