El recuerdo de los huaicos provocados por el Niño Costero de 2017 y el ciclón Yaku en 2023 mantiene en alerta a miles de familias de Lurigancho-Chosica. Ante la posibilidad de un nuevo Fenómeno El Niño, vecinos de las quebradas Carosio, Corrales y San Antonio Pedregal denuncian que las obras de prevención continúan siendo insuficientes y temen que una nueva emergencia vuelva a poner en riesgo sus viviendas y sus vidas.
En la quebrada Carosio, los residentes aseguran que solo se han realizado labores de limpieza y mantenimiento, pero advierten que aún faltan trabajos de mayor envergadura. Algunos recuerdan cómo en 2017 un huaico arrastró maquinaria pesada y destruyó varias viviendas. Hoy, varias familias han optado por abandonar sus casas, mientras otras permanecen en la zona con sacos de arena como medida de protección ante una eventual activación de la quebrada.
La preocupación también alcanza a la quebrada Corrales, donde los vecinos exigen la construcción de muros de contención y cuestionan que las intervenciones se realicen únicamente cuando las lluvias ya representan un peligro inminente. En tanto, en San Antonio Pedregal, donde viven más de 30 mil personas, las autoridades locales reclaman al Gobierno Central la instalación de mallas o barreras dinámicas y la construcción de 12 diques que, según denuncian, permanecen pendientes desde hace tres años pese a la existencia de convenios suscritos.
VIVIENDAS EN ALTO RIESGO
De acuerdo con las autoridades, en Chosica existen 22 quebradas con posibilidad de activarse durante un evento climático extremo, de las cuales 10 han sido identificadas como prioritarias. Además, estudios técnicos advierten que alrededor de 1.800 viviendas se encuentran ubicadas en zonas de alto riesgo. Aunque algunos sectores ya cuentan con rutas de evacuación, la falta de obras definitivas mantiene a la población viviendo en permanente incertidumbre ante la amenaza de nuevos huaicos.